• Reseña Histórica
  • Su Cofradía en Izalco

Nacido en Roma hacia el 540, de familia noble y cristiana, vive la desolación de la Urbe, caído el Imperio occidental, y el inicio de una época ascendente. En 590 es elegido Papa, mereciendo por su ingente labor que se le considere gran figura entre las de todos los tiempos, y que se le haya otorgado el título de Doctor y Padre de la Iglesia latina. Su muerte acaeció el 12 de marzo del 604. Él renovó el culto y la liturgia y reorganizó la caridad en la Iglesia. Sus obras teológicas y la autoridad de las mismas fueron indiscutidas hasta la llegada del protestantismo.

Dio al pontificado un gran prestigio. Su voz era buscada y escuchada en toda la cristiandad. Su obra fue curar, socorrer, ayudar, enseñar, cicatrizar las llagas sangrantes de una sociedad en ruinas. No tuvo que luchar con desviaciones dogmáticas, sino con la desesperación de los pueblos vencidos y la soberbia de los vencedores. La obra realizada por San Gregorio Magno fue inmensa; y no obstante, en su gran humildad, había procurado por todos los medios no aceptar el mando supremo de la Iglesia.

Pero una vez elegido Papa por el clero, el senado y el pueblo fiel reunidos, y bien vista su elección por el emperador, su alma entregóse a aquella tarea para la que toda su vida anterior había sido una providencial preparación. En efecto, Gregorio nace en el seno de una familia profundamente cristiana. No es él el único de los Anicios que ha merecido el honor de los altares; también sus padres y sus dos tías, Társila y Emiliana, figuran en el catálogo de los santos.
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No se tienen datos verídicos en cuanto a la fecha de fundación de su Cofradía, aunque por documentos encontrados se asegura que en 1803, su imagen titular ya existía. Su Mesa Altar se considera como una de las "Mayores" ya en la zona ladina, aunque siempre ha sido celebrada por el Común de Izalco.

Es durante el imperioso calor de marzo, cuando su Cofradía celebra la fiesta, la cual estuvo rodeada del misticismo de los izalcos, al relacionarlo con tláloc debido a que en su iconografía sobresalen pintados en su manto, los "muchachos de la lluvia o tepeguas" -en este caso cangrejos surgidos de la tierrra-.

Esto obedece a que la comunidad indígena ha asociado a San Gregorio su cosmogénesis, donde los cangrejos, junto a otros animales, como lo son las tortugas, los sapos y los peces, tenían un rol importante dentro de la naturaleza, ya que propiciaban las lluvias, por lo que eran considerados sagrados.

Para el caso particular de San Gregorio, los cangrejos obedecen a una leyenda propia de Él, que asegura que el día de su fiesta, en Izalco siempre llovía y que del suelo brotaban cangrejos. Don Rafael Musto (+) ex-mayordomo de la Cofradía, nos aseguraba que sus abuelos le contaban que el día de la fiesta, justo después del rezo a San Gregorio, bajo la efigie, "brotaban cangrejos".

Y, agregaba: "un día de fiesta, luego de la respectiva lluvia, brotaron los cangrejos, pero llegaron unas mujeres vestidas de negro, que los cocieron y se los comieron; a partir de ese entonces, no volvieron a brotar del suelo". Es de suponer que en aquéllos tiempos, las primeras tempestades previo invierno, arrastraban del pacífico a los crustáceos, que obviamente debieron existir en abundancia; pensamos que los fuertes vientos arrastraban a los animales y al llover, pues caían sobre Izalco. Esto tratando de dar explicación consecuente al mito.

Sobre su manto como ya apuntamos, podemos observar cangrejos pintados, por lo que aunque sea en su iconografía, se mantiene la tradición de "los cangrejos de San Gregorio". Para el investigador Carlos Leiva Cea: "El santo aparece ante nosotros con la paloma del Espíritu Santo posada sobre su hombro derecho y, aunque sentado, se yergue imponentemente, bendiciendo con la diestra, mientras sostiene con la siniestra, la cruz de tres travesaños.

Su rostro de acusada expresión emocional, con hermosos ojos de cristal -a buen seguro el resultado de una intervención posterior-, contrasta con sus poderosas manos de dedos largos poco flexibles, el alargamiento del torso y el tallado convencional de su figura, propia de la imaginería todavía medieval, con un leve asomo romanista , el cual es el responsable de su majestuosidad... El manto, cae simétricamente sobre su espalda, como corresponde a la capa pluvial de los papas, doblándose sobre su rodilla derecha y ostentando el dibujo de unos cangrejos, aporte de nuestra tierra a la iconografía del santo..." Sic.