Por Edgar Avelar


La fiesta de Moros y Cristianos tal y como cita un artículo de la red, nace como rememoración de la etapa de poderío musulmán en la Península Ibérica y de las batallas que fueron alternando el poder entre musulmanes y cristianos. En algunas zonas costeras, con la fiesta se recuerda la lucha contra piratas berberiscos de los siglos XV, XVI o XVII.

En los últimos tiempos, estas fiestas están viviendo un crecimiento espectacular, celebrándose en distintas ciudades y pueblos españoles del Sureste peninsular, como la Región de Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía Oriental y especialmente la Comunidad Valenciana, sobre todo en la provincia de Alicante, donde en la actualidad se concentran el mayor número de ciudades y poblaciones que celebran este tipo de festejos.

Las representaciones teatrales concernientes al enfrentamiento entre “moros y cristianos”   durante la Reconquista, son aún hoy día  una parte muy importante de las fiestas populares en España. Es importante el explorar cómo se han perpetuado fuera del territorio ibérico, lejos del escenario histórico natural en un continente en el que la resistencia cultural a la hispanización no ha cesado.

En América las fiestas de “moros y cristianos”  han conservado sus propósitos originales de propaganda y han incluido matices nuevos que no eran parte de su objetivo original ya que arraigan en una cultura que nada tiene que ver,  ni con los moros ni con los cristianos, hasta la llegada de los españoles.  
Estas fiestas en la península Ibérica, se dividen en tres grupos según las características de las representaciones. Las fiestas en Levante por ejemplo, son fastuosas y multitudinarias. Hay un gran despliegue de color y movimiento. Los bandos hacen embajadas y presentaciones de colectivos específicos, las llamadas "filas". El objetivo es reconquistar el castillo.

En Andalucía son más modestas, menos ruidosas. Los moros roban la imagen del patrón del pueblo y los cristianos deben rescatarla. Los dos bandos se provocan mutuamente y arengan a sus seguidores.

Finalmente, los moros se rinden y "se convierten". En Aragón, los parlamentos entre moros y cristianos son parte de una fiesta que incluye otros elementos folclóricos. La imagen del moro es diferente y presenta matices históricos que incluyen al "morisco" como parte de la sociedad del Alto Aragón.

Los moros y cristianos se han estudiado desde el punto de vista literario (Carrasco Urgioti, 1963), folclórico (Jauregui y Bofiglioli, 1996), antropológico (Imakufo, 1986), e histórico (Richard, 1932-1968). Su práctica se ha extendido ampliamente en el mundo hispanizado en forma de danzas y también como drama histórico. Al proceder de la mitología soldadesca se cumplían inicialmente dos  de las funciones de las representaciones de moros y cristianos: Tejuelo, nº3 (2008), págs. 89-101. "La tradición teatral popular...
I S S N : 1 9 8 8 - 8 4 3 0 Pág. 91.

La primera, era permitir a los soldados una actividad lúdica que creaba un marco para la interacción pacifica con los indígenas, quienes con el tiempo pasaron a ser participantes en lugar de espectadores (Mateo Morales, 7). Segunda, adoctrinaba simultáneamente sobre el poderío de los españoles y sobre la conversión al cristianismo, sin violencia y con la excusa de la diversión. Como diríamos hoy día, "ganando los corazones y las mentes" de los lugareños.
En nuestras tierras, estas "historias", son obras populares fundamentalmente religiosas. Incluyen a toda la comunidad; la danza y la música son los elementos estructurales básicos. Se basan en textos, memorizados por cada generación de danzantes/actores. La mayoría son hombres, a veces hay alguna princesa mora, o algún niño.

Las organizaciones a cargo de las representaciones son las Cofradías, en las que se respeta una jerarquía de edad y experiencia. La guerra y la conversión religiosa son los temas centrales. En españa, la estética de las fiestas incluyen disfraces, música, diálogos escritos, pólvora y en muchos casos caballos, una parte del festejo inspirada en los juegos de las cañas:

Los árabes introdujeron en Hispania el "jerid" o juego de cañas, que enfrentaba a dos cuadrillas de jinetes que se esforzaban en tomar como prisioneros a sus rivales, demostrando su pericia en el arte de cabalgar. Estos juegos solían iniciarse con desafíos entre ambos bandos, y desde el siglo XV se extendieron por los reinos cristianos en sustitución de los torneos, a menudo disfrazándose un bando con ropa morisca.
Las batallas reales entre moros y cristianos fueron numerosísimas, se prolongaron desde 713 hasta 1610. Novecientos años de enfrentamiento dejaron su huella en la cultura de la península ibérica.

Si miramos a la lista de santos patronos y Vírgenes de los pueblos españoles, veremos que gran cantidad de ellos se aparecieron para resolver una batalla de forma milagrosa a favor de los cristianos.

La gran batalla fue la de 1212, la Navas de Tolosa. Dicen que en valle de la Navas chocaron dos ejércitos que reunían más de 150.000 guerreros, algunos venidos de Egipto y otros de Dinamarca.

También cuentan que el Papa amenazó con las excomunión a aquellos que se olvidaran de que estaban allí para matar al enemigo infiel y no para sentarse con él y entablar animada plática, lo que posiblemente era la tendencia natural de muchos soldados.

La labor de adoctrinamiento del pueblo para una guerra exigía todo tipo de recursos intelectuales y creativos.
Desde la creación de leyendas, la construcción de estatuas, castillos, iglesias, la institución de tradiciones, folclor popular, y en lo que se refiere a nuestro objetivo la escritura de obras de teatro que recogen la representación del drama real del conflicto estilizado en una idealización simbólica.

Hoy encontramos celebraciones de este tipo desde el Levante español, hasta el desierto de Nuevo México en EEUU, desde Guatemala hasta el Perú. La transposición de estas celebraciones del suelo ibérico a  América es algo natural, es parte de la estética bélica. Los soldados y religiosos son los que cultivaron y propagaron este teatro de la violencia glorificada.

En la península como hemos mencionado, la fiesta tiene la función de recrear la satisfacción de la victoria de los cristianos, además de  recordar a los que no estén convencidos de quienes ostentan la verdad y finalmente de reunir la guerra física  y la guerra espiritual en un ritual estético catárquico para la población que participa y disfruta del olor de la pólvora. 

Y como bien dice un autor costarricense: "Con la Danza de los Historiantes, los indígenas dramatizan su propia derrota, al ser imposible detener su cristianización". Lo cual suena más que consecuente.

Tras la expulsión de los judíos y la represión de los musulmanes que acabaría con la expulsión de los moriscos en 1610, era una prioridad de las autoridades re-educar a los fieles en la fe católica, este afán se acentúa aún más con la necesidad de reafirmar una forma de liturgia sensorial como queda prescrito por el Concilio de Trento.
A partir de ese momento, la producción de obras de arte religioso aumenta y el teatro como forma de divulgación popular de dogmas católicos se convierte en una herramienta fundamental. Al trasladarse la misión cristianizadora de la península a los territorios ocupados por los españoles.

Los militares empiezan a tomar parte en la labor creativa de generar obras de teatro que entretengan a los soldados y al mismo tiempo ayuden para contribuir a la evangelización y a la sumisión de los invadidos. 

Se ignora la autoría de estas obras pero se puede trazar su origen al siglo XVI, a 1525 en concreto, fecha en la que se publica en Sevilla, la "Hystoria del emperador Carlomagno y de los doze pares de Francia, e de la cruda batalla que huvo Oliveros con Fierabrás", y que debido a su popularidad fue reimpresa varias veces y enviada a América en años subsiguientes.

Así  es más que  posible que viajara a Guatemala en manos de los soldados de Pedro de Alvarado, y que una vez allí, se convirtiera en uno de los instrumentos utilizados para la conversión de los habitantes.  (MORALES,  9)

La historia, originada en las montañas del Norte de España, se refiere a la batalla de Roncesvalles en el siglo IX, en ella sin duda se puede ver el trasfondo bíblico de la historia de David y Goliat, se reprodujo en una obra teatral versificada, de autoría anónima y que llegó a Guatemala, en el siglo XVIII.

Según la tradición caballeresca, el gigante Fierabrás (Brazos fieros), rey de Alejandría, medía tres metros de altura. Era el hijo de Balan, un almirante del ejército moro que se enfrentó y derrotó a Carlomagno en los Pirineos. El gigante se vio retado por un muchachito herido y mucho más débil que él, el joven Oliver (Oliveros).

El gigante no quiso luchar con un contrincante tan disminuido y le ofreció una pócima mágica, el famosísimo bálsamo de Fierabrás hecho con el bálsamo funerario de Jesucristo, Oliver derrotó así al gigante. Después de varias idas, venidas y parlamentos Fierabrás se rinde ante la belleza espiritual del cristianismo y se convierte.

No se sabe que fue de él después, quizás adquirió un tamaño normal y perdió notoriedad. Leamos a Saavedra en su Quijote: "-Todo eso fuera bien escusado –respondió don Quijote- si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas.

- ¿Qué redoma y qué bálsamo es ése?  -dijo Sancho Panza. Es un bálsamo - respondió don Quijote- de quien  tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna.

Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo (como muchas veces suele acontecer), bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sotileza, antes que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo.
Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana."

Además de la historia del gigante Fierabrás, estudiosos guatemaltecos como Morales, Mateo Morales, Héctor Abraham Pinto y Rene García Escobar, han realizado excelentes estudios sobre otras obras populares y representaciones tradicionales.

Cada bando está formado por peñas, llamadas por lo general comparsas o filaes. Las comparsas cristianas suelen tener nombres como Fontanos, Navarros, Almogávares, Cruzados, Cristianos, Mirenos, Andaluces, Labradores o maseros, Caballeros del Cid, Caballeros de la Baronía, Templarios, Montañeses, Astures, Leoneses, Aragoneses, Castellanos, Mozárabes, etc.

Los moros, por su parte tienen nombres como Almorávides, Moros Viejos, Moros Nuevos, Almohades, Beduinos, Sauditas, Abenzoares, Magenta, Judíos, Bereberes, Tarik, Tuaregs, Marruecos, La Llana, Zegríes, Almanzárabes, Abencerrajes, Almorávides, etc.

Cada año es una de las comparsas moras y cristianas las que aportan un capitán o rey (dependiendo del lugar) a cada uno de los bandos.

En algunos pueblos como Bañeres, todas las comparsas tienen un capitán. También existen otras figuras, como el alférez, el embajador, el volante, el abanderado o la dama de la comparsa. 

Cada comparsa tiene su propio cuartel, maset, capitanía o local de reunión, donde se realizan las celebraciones, las que con el paso del tiempo, no cambian.