Por Edgar Avelar
Otra faceta importantísima de toda cultura, es sin duda alguna, su expresión artística en cuanto a la música respecta. Para el caso que nos ocupa, el Común de Izalco es el legítimo heredero de un legado cultural que a nivel nacional destaca de manera muy significativa.

Nuestros ancestros encontraron en la naturaleza que tanto veneraban, su más íntima inspiración; imitando sus sonidos le rendieron culto y también, ambientaron las ceremonias a sus deidades, por medio de instrumentos rudimentarios construidos todos, de materiales cien por ciento naturales; la música como necesidad de expresión, hay que decirlo, es ignata de la humanidad misma.

Y desde luego, esta manifestación cultural siempre estuvo ligada a la danza con la que también rendían culto a la tierra y por ello no nos extrañe que cuando danzaban, lo hicieran erguidos con la mirada hacia el suelo; nuestros ancestros, sacaban a flote sus sentimientos y devociones más íntimas con esta mezcla de expresión humana, donde una, resultó ser desde siempre, el complemento de la otra.

Las investigaciones apuntan que en Mesoamérica fueron los Mexicas ubicados al Norte, los que mejor desarrollaron estas habilidades artísticas y, siendo consecuentes con lo que la historia nos ilustra, sobre la migración de parte de esta tribu hacia el occidente de nuestro país, para nada debe extrañarnos tampoco, que consecuentemente haya sido el núcleo pipil más grande e importante representado mayoritariamente por el Común de Izalco, una de las etnias con mayor riqueza musical autóctona a nivel nacional.

Caracoles, quijadas de burro, piel de venado y otros animales, bambú, obsidiana, troncos, etc, fueron la materia prima que utilizaron para emitir sonidos que estuvieron presentes, en la guerra, ceremonias, fiestas, luto, es decir, en su vida.
Al llegar los conquistadores, sorprendidos se quedaron al ver cómo los nuestros, tenían grandes habilidades musicales, que incluía la construcción e interpretación de muchos instrumentos, especialmente de viento y percusión.

"En las culturas prehispánicas, los intrumentos musicales tenían la capacidad de hablar en el lenguaje de los dioses; podían evocar animales, objetos y sucesos de la realidad", plantea un estudio sobre el tema.

Lastimosamente, se perdieron en el tiempo todos los tesoros musicales nativos de la zona, ya que los conquistadores y misioneros inmediatamente tras el Contacto, consideraron que los rituales y similares que desde luego incluían a la música y la danza, no sólo eran grotescos, sino también aberrantes y por ello se empeñaron en "matar" toda expresión cultural relacionada con estos asuntos; para ello, trajeron sus propios instrumentos, como la guitarra, la mandolina, el violín, el arcordión y el organillo e inmediatamente, los incorporaron al proceso de evangelización a fin de "sanar" la música y la danza, dándoles "un sentido más decente".

A este respecto, Escalante en su Códice de Sonsonate, apunta: "Todos los indios de su Natural son flemáticos y juntamente ingeniosos, aprienden con facilidad quanto ven de los españoles, y cualquier oficio, que consiste en arte: Los más son cantores, y diestros en todo género de instrumentos músicos, chirimías, flautas, sacabuches, vaxones, cornetas, órganos hechos de muchas cañas juntas muy curiosos, y de ingenio, que usan para celebrar con más solemnidad el oficio divino; todos los Casiques, y principales aplican sus hijos para el servicio del culto divino de que se precian, y honran mucho". SIC
Como vemos, a todas luces, esta vez el comentario es mucho más benevolente hacia los nuestros, ya que da la sensación que los indígenas emplearon "sin mayor resistencia" sus dotes musicales en la nueva religión, teniendo éxito y proveyendo al cristianismo su aporte muy singular, ya que resultó de todo ello como es lógico un estilo musical mixto, que se mantiene hasta hoy.

Imaginémonos, los grandes problemas que hubo en la aplicación del nuevo arte, debido al inconveniente del idioma. Al legado instrumental de nuestros ancestros pertenece el tambor, el sacabuche o zambumba, las sonajas, los pitos de caña, la quijada de burro y otros de los que haremos especial mención.

El pito y tambor, son de los pocos instrumentos que aún hoy sobreviven; instrumento infaltable en el diario vivir de nuestros pueblos. Actualmente, el Común de Izalco, ambienta con su sonido muchas de sus actividades: Procesiones y cualquier acontecimiento de importancia donde se hace presente el Señor Alcalde del Común y su comitiva.

En este arte, sobresale nuestro querido amigo Don Andrés Culina -foto de la izquierda- y su acompañante, Rafael Sigüachi, quienes todavía hoy, nos traen los sonidos del pasado. Y, como bien sabemos, en Cuaresma y Semana Santa, es Don Angel Celestino Misto Tepata -"fafá" quien con su tambor anuncia el paso o velación de Jesús Nazareno.

Preocupante es ver cómo los jóvenes del Común no se interesan por aprender, lo que nos hace suponer que al faltar estos personajes citados, irremediablemente, con ellos se terminará de una vez por todas, esta riqueza cultural. Otro de los instrumentos autóctonos que sobrevivió al "plan español", fue el Tepunaguaste -llamado también Teponahuastle o Teponaztli-.

El instrumento era tallado del tronco de un árbol de cualquier madera fina, pero que fuera sonora; es hueco y cilíndrico; posee dos lengüetas abiertas y angostas, una más larga que la otra, las que al ser golpeadas con 2 palillos, dan un sonido característico.

Prácticamente, se trata de un tambor de dimensiones considerables. Los ancianos del Común, me dicen que había 2 de ellos: uno en la sede de la Alcaldía del Común y el otro, en la Cofradía del Padre Eterno Santísimo. Ambos se dan por desaparecidos.


El Tepunaguaste era considerado sagrado; con él se anunciaban las ceremonias, la muerte de algún miembro de la comunidad y también, la guerra.

Me cuenta el Señor Alcalde del Común, que éste era magistralmente ejecutado por Don Eulogio Musto, a mediados de los años sesentas del siglo pasado. Un artículo publicado por CONCULTURA, señala al respecto:

"Un informe municipal de Dolores Izalco correspondiente al 18 de Agosto de 1859 es referido por el historiador Jorge Lardé y Larín y habla de una tradición que coincide marcadamente con el actual "baile del tingo". Leamos:

Tiene la preocupación de observar en sus funciones el baile del "Tepunaguaste".

El instrumento es una Troza de madera fina del tamaño de una vara de largo, de un grueso torneado más que regular y su hoquedad da un ruido tierno y onduloso; el que lo toca canta una canción en jerigonza (en idioma náhuat), y al son que forma acompañado de pitos y tambores bailan en su circunferencia los principales concurrentes.

Es una lástima que ni por tradición ni otra causa se encuentre la más pequeña noticia del objeto a que se dirige tan antigua como inveterada preocupación".

Ahora, hablaremos del instrumento "alma" de las fiestas del Común de Izalco, que con su sonido muy peculiar ha alegrado a mi pueblo desde tiempos inmemoriales: La Marimba de Arco.

Hacia mediados del siglo pasado, vemos al Tepunaguaste y su ejecutor.
Fiesta del Padre Eterno Santísimo, en algún lugar de Asunción Izalco
Sepamos antes que nada, que el origen de la marimba es desconocido; algunos lo atribuyen al continente Africano, otros lo suponen de Asia debido a la similitud con el Pong Lang de Tailandia, el Mokin japonés, el Gamelan bailanés y algunos instrumentos musicales de Indonesia y Filipinas; hay quienes la creen originaria del Amazonas.

Hasta hoy, La teoría más aceptada, es la que plantea el origen Africano; la mayor evidencia de esto radica en que existen instrumentos muy antiguos con características muy similares a la marimba, como el "RONGO" de Angola y el "Balafón" en Senegal y la "Amandina" en Uganda.

Sin embargo, recientemente se han encontrado pruebas de que este instrumento, ya era ampliamente conocido por los Mayas, por lo que al momento del Contacto, los europeos lo encontraron ampliamente difundido.

No tenemos que viajar muy lejos para darnos cuenta de la tremenda importancia que tiene tal instrumento en la hermana Guatemala, por lo que este último apunte suele ser muy consecuente.

De las primeras marimbas que se tiene conocimiento, se registra la existencia de la ancestral "Marimba de Aro o Arco", consistente en un teclado de madera de hormigo, colocado sobre un marco de madera con un cincho de tela que le servía al ejecutante para "colgársela" y poderla así usar en forma portátil; algunas tienen calabazas o tecomates que le servían de cajas de resonancia.

Buscando información sobre su usanza e historia en mi legendario pueblo, de nuevo tomo rumbo Sur y tengo el gran placer de ser recibido por Don Felipe Antonio Musto Culi -Don Toño Musto, anciano de Izalco que a sus 76 años, es el último exponente del arte musical de marimba "propio" del Común de Izalco.

Aclaro que hoy día, existen marimberos jóvenes que amenizan las fiestas de las Mesas Altares, pero para el caso, Don Toño Musto, es "el último de los marimberos viejos", por lo que al escuchar su arte, notamos inmediatamente "el toque único" que sólo él puede entregarnos con su marimba, ahora ya en sus últimos días de vida.

Ganador de muchos premios nacionales, nuestro amigo ha viajado por todo lo ancho de la República llevando el sonido singular de su marimba; también ha hecho grabaciones de sus interpretaciones.

Aprovechando la ocasión, tengo una larga charla con él, quien muy presto me narra eso que muchos ignoramos, pero que con estas líneas, pretendo dar a conocer.

Don Toño, cuénteme su historia: "Mire, mi papá nunca me enseñó a tocar la marimba; mientras él iba a trabajar al campo, yo, a escondidas y curioseando fui aprendiendo… cuando tenía 14 años, y sin permiso de él, me iba a las Cofradías a escuchar lo que en aquéllos tiempos tocaban los "maishtros diantes"...
Me acuerdo de Ramón Turish, Antonio Velado, Francisco Tespan, Julián Tespan, Pedro Musto y Mauricio Musto, ellos eran grandes músicos y tocaban "cabal" como es la tradición; yo siempre uso 4 bolillos y prefiero las marimbas puestas en Do Menor...

Me acuerdo que cuando tenía 15 años, tuve el primer chance de tocar oficialmente para una Cofradía, y fue donde La Virgen de los Remedios...

Gran compromiso porque siempre fue una de las fiestas más grandes y no podía equivocarme porque los viejos eran bien estrictos con la música... el Mayordomo era Rosalío Tunte; esa vez, me gané mis primeros 10 pesos, eso se ganaba al día.

Entonces se tocaba desde las 8 de la mañana del día de la “Vela” hasta el amanecer y el resto del día oficial... uno se desvelaba en esto de la tocada...

El grupo siempre se ha compuesto de 3 músicos, además de la marimba, es costumbre el acompañamiento de una guitarra y un guitarrón. Recuerdo a Jesús Pintín, Juan Tensun, Sipriano Sagüin, Alfonso Tigüin y Jerónimo Abrego como mis antiguos acompañantes...

Lo que muchos no saben es que en la Cofradía no se toca cualquier pieza solo por tocarla, cada una se toca en su momento según la tradición...

" Y al oír esto, de inmediato lo interrumpo y le pregunto: ¿Cómo debe ser el programa musical Don Toño?, y sonriendo me responde:

"Le voy a decir, para que les cuente a los que no saben... mire, las piezas son éstas y se debe respetar ese orden:

1. Serenata (dedicada al Santo-a, para iniciar la fiesta).
2. El Mayordomo (dedicada a la cabeza de la Mesa Altar y quien debe bailar con su mujer).
3. De Camino (para recibir las "Entradas").
4. Las Comadres (con esta pieza se inicia el baile de los visitantes).
5. El Panadero (si falta ésta, NO SIRVE LA FIESTA).
6. Las Chapinas.
7. Las Cortinas.
8. El Barreño.
9. La Huacalada (para el “brindis” o talagüashtazo).
10. Flores a María.
11. Teletempe.
12. Las Guacalchillas.
13. El Quilite.
14. La Feria de las Flores.
15. Cinco Milpas.
16. El Torito Pinto.
17. Flor de las Flores.
18. Indita Mía.

Hay otras más, pero éstas son las más importantes y tradicionales..." Me cuenta Don Toño, que antes, era la tradición que llegado el grupo musical a la Cofradía, el Mayordomo-a los recibiera otorgándoles un litro de licor, el cual se lo tomaban "por traguitos", para "agarrar temple y aguantar las largas jornadas".

Y agrega: "todo eso se acabó, las fiestas de hoy, no son ni la sombra de lo de antes; la gente iba a bailar largas horas a las fiestas...

CUANDO NO TENGO SUEÑO Y ME CUESTA DORMIRME, VIENEN A MIS RECUERDOS MIS TIEMPOS, TODAVÍA VEO EN MI MENTE A LOS VIEJOS DE ANTES BAILANDO EN LAS FIESTAS DE LAS MESAS ALTARES... PERO ESO NO VOLVERÁ MÁS..."

Y, no puedo cerrar el presente artículo sin antes citar lo que muy acertadamente, la recordada y reconocida etnofonista apuntara sobre este fenómeno, que poco a poco muere ante nuestros ojos:

"Si el indio no poseyera facultades musicales, no hubiera podido efectuarse en el país ninguna combinación de estilos; y entonces los aborígenes, todo lo más, repetirían servilmente lo que oyeron de los españoles". María de Baratta.

Don Toño Musto con su Marimba, ameniza una de las tantas fiestas del Común de Izalco

El recordado Rafael Siguachi ejecutando el pito.
Mariano Calmo, ejecutando el tambor. Años 60s. Asunción Izalco.

A la memoria de don Felipe Antonio Musto (+), marimbero de Izalco
LEGADO MUSICAL DE ANTONIO MUSTO AQUI