Por Edgar Avelar
Aserrín, papel, cartón, los clásicos "muñecos de barro de Ilobasco", además de las invaluables Imágenes sacras “del Misterio”, acompañados del "buey y la mula", son algunos de los componentes básicos de las obras artísticas de muchos izalqueños, quienes partiendo de su herencia familiar, poseen este legado cultural y devocional mostrado al pueblo para las navidades.

Tanto ladinos como indígenas expresan su devoción, elaborando los "Nacimientos" a sus Niños Dioses, no quedándose atrás, las parroquias y las Cofradías que poseen uno. En Izalcopiadoso hemos tomado a bien, ilustrar el arte efímero de un izalqueño muy devoto, que año con año y con gran tesón, da vida a esta tradición acá en Izalco.

En 2011, nos encontramos ante “El Nacimiento” ahora ampliamente conocido en el pueblo, obra de Don Alfredo Méndez de 77 años quien muy feliz abre las puertas de su casa, ubicada en el barrio de Santa Lucía, sobre la 3a. Avenida Norte número 5, para que todos los izalqueños podamos admirar su invaluable y entusiasta trabajo.

Pero antes de entrar en detalle, leamos el siguiente apunte de mucho valor histórico para contextualizar lo que ahora pretendemos dar a conocer:

Relato de Tomás de Celano (1 Cel 84-87) sobre San Francisco de Asís y el primer “Nacimiento” en la historia.


“Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo Francisco tres años antes de su gloriosa muerte, cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo.

Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues, siendo de noble familia y muy honorable, despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu.
Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar.

Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno».

En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.

Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años.

Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno.

Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos.

La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría.

El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.”SIC
Como podemos ver, estimados lectores, el Pesebre o Nacimiento, es una tradición introducida al Nuevo Mundo por los frailes franciscanos, durante la Colonización y Evangelización ibérica a partir del siglo XV y XVI.

Los orígenes de esta costumbre de reproducir en Imágenes el nacimiento de Jesús, se remonta al siglo XIII, por iniciativa de San Francisco de Asís en la Navidad de 1223.

La hermosa idea se propagó por toda Italia, luego a España y el resto de la Europa católica. En Nápoles, hacia fines del siglo XV, reprodujeron en figuras de barro a los actores del gran acontecimiento narrado por el evangelista San Lucas, en su capítulo 2, versículos 2 al 14.

En cada pueblo latinoamericano y en los territorios ocupados por España en los hoy Estados Unidos, fueron incorporadas variantes de la escena del Nacimiento, acompañadas de villancicos alegóricos al pesebre, según la creatividad y los recursos de cada comunidad cristiana.

La iglesia católica promovió las representaciones bíblicas del Nacimiento del Niño Jesús dentro de los templos, hogares y lugares públicos, de modo que contribuyera a exaltar la devoción navideña.

Retomando nuestra visita en 2011 al Nacimiento en casa de Don Alfredo, cabe decir que inmediatamente tenemos ante nuestros ojos la escena sacra, notamos los finos y singulares detalles de su obra.

En cada rincón, nos muestra algo digno de admirar por lo que es menester entrevistar a nuestro amigo, para que sea él mismo quien nos relate su devoción. “El Nacimiento, tiene que estar listo ya para el Primer Domingo de Adviento; así debe ser”.

De esta forma, muy seguro de su devoción, inicia su relato, dejándonos muy en claro que no se trata de algo que se hace sin sentido, sino que esto es parte del vivir acorde a los lineamientos de la Iglesia.


Me cuenta que las efigies sacras del Niño Dios, Santa María y San José, eran propiedad de la recordada Doña Carmelita Cea, por lo que calcula que tienen aproximadamente 135 años de existencia.

“Contaba la Niña Carmelita, que una vez llegó a la puerta de su casa, un chapín a pedirle un vaso de agua y… platicando, él le dijo que tallaba imágenes; fue así como con el interés de la señora, le hizo las Imágenes ahí en su casa”, nos relata.

A partir del 7 de septiembre, Don Alfredo comienza a pensar en el diseño que ha de elaborar cada año, y felizmente me dice que lleva ya, 45 años ininterrumpidos de “poner El Nacimiento”.

El tiempo que le lleva terminarlo, oscila entre 4 ó 5 días, dependiendo de las dimensiones y detalles que ha de tener. La obra de este año, es de 6 metros de largo por 3 metros de ancho.

Le pregunto sobre los materiales empleados y me responde: “Mire, el Nacimiento de este año, lleva papel, cartón, aserrín, zacate de conejo y de jaraguá, cáscaras de cedro, distintos tipos de piedras, durapax, madera, papel tapiz, luces y los infaltables melones de castilla para que perfumen el Nacimiento”.

Con respecto a la tradición izalqueña, me refiere que la costumbre de los Nacimientos es algo que data de tiempos inmemoriales, pero que se ha perdido mucho.

Recuerda que a mediados del siglo pasado, los Nacimientos famosos por su tamaño y detalles, eran los de los hermanos Martínez: Juan y Rafael, Don Lalo Vega, la familia Barrientos, Don Cervando Castillo, entre otros.

Y, para que no nos quede duda de su pasión y devoción por escenificar la llegada del Rey de Reyes, termina su plática con estas palabras: “No ha pasado esta Navidad y ya estoy pensando cómo lo voy a hacer para el otro año”