Por Edgar Avelar
Reseña Histórica.

"Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llamaba Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba en cinta.

Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,4-7).

Desde tiempos muy antiguos, los católicos hemos tenido mucha devoción al Divino Niño Jesús, y se ha honrado su santa infancia, considerando esta edad de Jesucristo como una maravilla de inocencia y amabilidad.

Algunos teorizan que el origen de esta devoción, podría remontarse al año 300 de nuestra era, ya que aproximadamente por ese tiempo, la Santa Iglesia, determinó oficialmente la fecha de su nacimiento.

Fue San Cirilo, quien parece ser que tras petición hecha al papa de esa época, sugirió la institución de la fiesta de la Natividad del Señor.

Ya hacia el año 1200, San Francisco de Asís, dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad elaborando un pesebre lo más parecido posible al de Belén y celebrando así entre pastores, ovejas, bueyes y asnos, la Misa de la medianoche, y haciendo él mismo un hermoso sermón de Nochebuena recordando la gran bondad del Hijo de Dios, al quererse hacer hombre en Belén por salvar nuestra alma.

Más tarde, San Antonio de Padua fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús, que según las imágenes que de él se conservan, mereció que el Divino Niño se le apareciera. Otro Santo, al que se le representa teniendo entre sus brazos al Niño Jesús, es San Cayetano, cuyas necesidades, las pedía por los méritos de la infancia de Jesús. Modernamente, los Santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén, fueron Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Santa Teresa de Jesús, le tenía un amor tan grande al Divino Niño, que un día al subir una escalera tuvo una visión en la que contemplaba al Niño Dios, tal cual había sido en la tierra.

En recuerdo de esta visión, la Santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre, ella misma dejaba de regalo al despedirse.

Millones de creyentes hemos tenido la experiencia de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús y hemos conseguido maravillas. Dentro de nuestro sentir religioso, para las Navidades, nuestros padres y abuelos, nos instaron a hacer “la carta” al Niño Dios, donde le expresábamos nuestros deseos, unido desde luego, a nuestro compromiso de “portarnos bien”.

Desde hace unos 300 años, la devoción al Niño Jesús se ha extendido rápidamente por Europa, América, Asia, África y Oceanía. Existen alrededor de todo el mundo, muchas figuras e imágenes representando al Niño Jesús en sus distintas edades tempranas, que oscilan entre “los recién nacidos”, que protagonizan y engalanan nuestros "Nacimientos", hasta aquéllos de aproximadamente los 10 años de edad.

Entre las figuras del infante Dios más conocidas, se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros.



En el año 1636 Nuestro Señor le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento esta promesa: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada". Como muestra del fundamento de nuestra fe, en torno al Santo Niño Jesús, tomamos la singular historia del Niño de Atocha:
Según la tradición, durante la última etapa de la reconquista, cuando los cristianos de España luchaban para liberarse de los moros que habían invadido la península, el pueblo de Atocha fue tomado por los moros y muchos cristianos cayeron prisioneros.

“Los familiares y todo el pueblo rezaron por los prisioneros, ya que éstos no recibían alimentos. Fue entonces que un niño vestido como peregrino de la época, entró en el campamento de presos con una cesta de alimento y un jarro de agua.

Los guardias le permitieron alimentar a los presos y descubrieron sorprendidos que no se agotaban los alimentos de la cesta, ni el agua de la jarra del niño.

Pero una vez, intentando conocer si se trataba de un truco, le arrebataron la cesta al infante y al ver en su interior, solamente encontraron ramos de rosas rojas y blancas, que despedían un aroma indescriptible. Ni los moros ni los cristianos conocían a aquel infante y llegaron a la conclusión que era el Niño Jesús quien los visitaba”

El Niño Dios en Izalco.
La presencia de la infante figura de Cristo acá en Izalco, se remonta al período colonial, como producto del proceso de cristianización emprendida por los conquistadores.

Lógico es pensar que tras la fundación de las 2 Parroquias que identificaran a ambos poblados, ahora unidos en uno sólo, cada una de ellas, poseyó el respectivo “Misterio” o “Sagrada Familia”, que serviría para conmemorar las navidades.

Pero sumado a esto, desde tiempos inmemoriales, hay otras figuras del Niño Dios, ahora pertenecientes a sus respectivas Cofradías, que también son sujetas de mucha veneración por los izalqueños.

Tenemos así primeramente, al Niño Dios de María “de Dolores”, datado hacia mediados del siglo XVIII y que lógicamente fuera y sigue siendo sujeto de toda veneración por parte del sector ladino de Izalco.

Luego, nos encontramos con el “Niño Pepe” o de las Tortugas, -fotografía de la izquierda-, presuntamente extraído de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, tras el terremoto de Santa Marta, hacia 1773 y que aún hoy día, es sujeto de mucha veneración por parte del remanente de la población indígena que aún subsiste.

Debido a su importancia histórica y cultural, en IzalcoPiadoso se ha publucado un Artículo detallado en torno a Él, llegada su fiesta el 5 y 6 de Enero próximos. Se suma a ellos, el Niño Dios de Belén, venerado desde siempre en su Cofradía Indígena y dueño de la mística tradición del Tabal o Jeu, que será el otro tema que se publicará, llegada su fiesta el 24 y 25 de diciembre.

Por último y no menos importante, el Niño Dios de los Santos Inocentes, celebrado en el barrio de Santa Lucía, de corte ladino, podríamos decir y que en comparación a los otros ya expuestos, resulta ser “el más moderno” de todos ellos.
En Izalco, el tiempo navideño es uno de los más festivos de todo el año. El sector ladino acostumbra en sus Cofradías respectivas, “las recordadas” y las infaltables "posadas” donde niños menores de 10 años, acompañados por un asno, escenifican el momento en el que San José y la Virgen, buscan albergue para traer al mundo al Salvador de hombres.


Por el lado indígena, apreciamos el baile de “La Sebastiana” y la Danza del Tigre y el Venado. Todas estas actividades giran en torno al Niño Dios.


De rigor en sus Cofradías, los Niños Dioses son expuestos en sus respectivos "Nacimientos"; los devotos han de visitarlos y tras degustar el tradicional "fresco de canela" con marquesote, al retirarse, reciben las clásicas "banderitas" hechas de papel de china, como recuerdo de la visita hecha al Niño Rey.

Es tradición, que a todos ellos se les entronice públicamente en horas de la noche, tras la respectiva "paseada": una pequeña procesión donde se les traslada a sus Tronos respectivos, según es la fecha oficial de su fiesta. Así, el Niño Dios de María “de Dolores” ha de ser expuesto en su Trono, el 25 de diciembre frente al Atrio de la citada parroquia; el 28 de diciembre, corresponde el turno al Niño Dios de los Santos Inocentes, quien se celebra para conmemorar el pasaje bíblico siguiente:
“Entonces Herodes al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos” (Lc 2,16).

El 1 de enero, el Niño Dios de María “de Asunción” se entroniza frente a la fachada de su respectiva Parroquia y por último, el 6 de enero, es el Niño Dios de las Tortugas o Niño Pepe, que se entroniza en “La Ceibita”, en el barrio de la Santa Cruz.

Narran los más longevos del pueblo, que originalmente sólo eran 2 Niños Dioses lo que eran entronizados, siendo éstos el “de Dolores” y el “de Asunción”, respectivamente, pero que por entusiasmo con el tiempo, se incorporó el Trono del Niño Pepe y luego el de Los Santos Inocentes.

Los Tronos tienen a estas alturas, mucho arraigo en Izalco; contruídos con madera que forma su estructura y forrados con papeles de distintos colores, estos muebles según el inspirador arte popular de sus creadores, representan distintos y coloridos diseños, que a la luz de su iluminación peculiar, sirven de aposento a las infantes efigies, quienes entronizadas en su parte alta y especialmente diseñada para ello, lucen como verdaderos Reyes ante los ojos de los espectadores. Se quema mucha pólvora, es pues, toda una fiesta devocional.

A su alrededor, se observa la infaltable escena cultural muy propia del Izalco Piadoso: las ancianitas del pueblo, con su palillo de "palo colorado" entre sus cansadas manos, baten el tradicional ponche de leche que yace en sendas ollas de barro; los visitantes han de tomar asiento y tras pedir el respectivo "piquete" -cantidad moderada de aguardiente-, sobre la tradicional bebida, disfrutan junto a los típicos "nuégados" el sabor navideño de este singular pueblo, que constituye todo un Patrimonio Nacional.

Así, pues, mi Izalco Piadoso celebra las navidades desde siempre.