Por Edgar Avelar
Primeramente, leamos al Evangelista:
1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba en cinta.
6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento,
7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Llega la Navidad a Izalco, y con ello, el pueblo se reviste de mucho colorido cultural. Muchas Cofradías celebran a sus Devociones y principalmente aquéllas donde la figura del Niño Dios, es el centro de atención.

Consecuentemente, se erigen los tradicionales Tronos, se desarrollan los bailes muy propios de la época, como lo son “El Tigre y El Venado” y "La Sebastiana”; en Noche Buena, el Común de Izalco recorre nuestras centenarias calles pregonando el ancestral Jeu! Dentro de todo este abanico cultural, en esta ocasión retomamos una tradición de fuerte contenido bíblico y que ha de desarrollarse días previos a la Noche Buena.

Recorren los barrios de Izalco, grupos de devotos-as, acompañando a San José y María, quien montando un burro, es conducida por su esposo desde Galilea hasta Belén, en busca de un lugar donde poder traer al mundo, al Salvador de Hombres y Rey de Reyes.

Esta expresión religioso-cultural, que en Izalco no es propia de ninguna Mesa Altar, sino exlusiva de las parroquias Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora de la Asunción, la observamos por todo lo largo de nuestro continente y en ella, participan tanto niños, niñas, jóvenes y adultos.
Pero para el caso izalqueño, es menester que los 2 grandes protagonistas, sean exclusivamente niños. La cultura popular llama a esta tradición “Posada”, significando "albergue, protección, acogida”.

Las Posadas han sido siempre una costumbre llena de encanto y alegría. Reglamentariamente se trata de una Novena de preparación para la fiesta de la Natividad del Señor. Las Posadas deben iniciar el 16 de diciembre y terminar el 24 del mismo, en la tradicional “Misa del Gallo”.

Cita una fuente, que según historiadores, “éstas deben su origen “posiblemente” a Fray Diego de Soria, un religioso español de la Orden de San Agustín.

Él, introdujo la devoción en México, en la Iglesia de Acolman hacia 1587. Su objetivo fue el de “contrarrestar las celebraciones de los aztecas en honor del dios de la guerra Huitzilopochtli.

Esas celebraciones, tenían lugar precisamente en la época de la Navidad, lo cual presentaba una fuerte atracción para los neófitos cristianos”.



Debido a esto, los Agustinos promovieron la sustitución de personajes y así desaparecieron al dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas; siendo este un ejemplo más del sincretismo religioso de nuestras tierras.

De México, la tradición pasó al Reino de Guatemala, acreditándose el hecho al Hermano Pedro de San José Betancur (1626-1667), quien introdujo como parte de las festividades navideñas, no sólo a los Nacimientos, sino que también a las Posadas. Y continúa citando la fuente:

En diciembre de 2000, Vemos a estos Santos Peregrinos Buscando Posada.
San José: Carlos Vargas. Virgen María: Carmen Molina. Ambos Oriundos de Izalco y de 6 Años.
Fotografías Cortesía de la Familia Vargas Leiva
“Las Posadas de Fray Diego pronto se extendieron a otras Iglesias de México y países vecinos; y de ser estrictamente una devoción religiosa, se fueron transformando en algo más popular celebrado en las casas… en estas celebraciones los "peregrinos" iban de casa en casa, encabezados por el "Ángel" que conducía el burrito donde iba sentada la Virgen; a su lado iba San José. Después se pedía posada; los dueños de la casa abrían la puerta y todos participaban”.

A la hora de pedir posada, la tradición nos dice que José y María tuvieron que ir de puerta en puerta pidiendo refugio, este hecho podría no ser muy relevante ya que es muy probable que no hayan sido los únicos peregrinos que no encontraban lugar para pasar la noche, pero el caso de José y María, es muy especial, ya que Ella se encontraba embarazada y a punto de dar a luz.

Para nuestra Iglesia: “Esta costumbre tiene un significado pastoral importante. Es una preparación para la venida de Jesús. Cuando el Salvador iba a nacer, José y María no encontraron posada en el mundo. Un mundo en tinieblas, que no reconoció al Mesías cuando llegó pidiendo albergue”.

Para el caso mexicano, existe la variante de “la piñata de la posada”. Ésta, es una construcción artesanal hecha con barro y papel. De acuerdo a la tradición religiosa adoptada en España y posteriormente en América en el Siglo XVI, la piñata debe ser en forma de estrella con 7 picos; cada pico, es un “pecado capital” y los dulces o frutas que de ella salen al quebrarla, simbolizan las bendiciones que reciben todos aquéllos que participan.

La piñata se debe romper con un palo –representando a la “fortaleza y fuerza de Dios”-, por alguien que por ensayo y error con los ojos vendados, es la representación de la “fe ciega en Dios”. Al romperse, caen muchos dulces y/o frutas con las que estaba rellena, y esto representa las “recompensas y dones por vencer al pecado”.

Volviendo a nuestro místico pueblo, para poder representar este acontecimiento, 2 niños voluntarios han de vestirse tal cual José y María.
Los infantes peregrinos, irán acompañados por un grupo de invitados a la Posada, quienes entonan villancicos navideños mientras se dirigen al lugar que recibirá a los “Santos Peregrinos”.

Llegados a la casa que servirá como refugio, los devotos cantan pidiendo ayuda y a la vez, habrá personas en el interior de ella que negarán la Posada, obligando a los peregrinos a pedirla 2 ó 3 veces, hasta que son hospedados.

A este respecto, Don Adolfo Herrera Vega, nos proporciona con su valiosa narración, la forma de celebrar esta tradición en tiempos de mejor bonanza cultural:

“San José con su singular varita de nardos de báculo y su tecomate a cuestas, tira de la brida de la burra que monta la Virgen en abundante manto azul desparramado en las ancas de manso animal.

Ambulan y piden posada; van silenciosos, inclusive los fieles que los acompañan y alumbran el camino con incontables candelas fijas en ramas florecidas de pascua. Visitan varias casas que lucen en sus puertas cortinajes blancos y faroles. Cuando llegan, dos de las fieles cantan pidiendo, y desde adentro, otras cantan negando así:

De Nazareth a Belén,
vienen estos peregrinos
rogando les den posada
cansados del mal camino

A mal tiempo han venido
Lugar no hay en el mesón
Mucha gente lo ha ocupado
Y no hay esa proporción

De caridad te suplico
para un rato sepas dar
posada a dos peregrinos
cansados de tanto andar


Corresponde una solicitud y una negativa a cada casa, siendo la Cofradía la que da el alojamiento y donde termina la Posada.”
SIC

Como muestra de lo que logró documentar el citado autor, apenas hemos tomado tres párrafos de los muchos que recoge en su estudio. De dicho relato, inferimos muchos cambios con respecto a las Posadas actuales. Acá algunas diferencias que observamos tras leer las estrofas:

Primeramente, el hecho que los acompañantes de San José y María, no cantan, sólo acompañan la peregrinación, "van silenciosos y alumbrando el camino"; luego, que es la Cofradía del Niño Dios, donde termina la actividad, luego de pedir ayuda en casas particulares.

En nuestros días, vemos cómo los cánticos que se desarrollan “no son los tradicionales de las Cofradías al Niño Dios”, sino que se han sustituido por los ejecutados en México y que se han recogido en un libro de “Cantos Religiosos” proporcionado por la Iglesia o librerías católicas.

Lo que sí se mantiene, es la tradición de recibir con fresco de canela o algún otro refrigerio, a todos los participantes de la Posada, una vez los peregrinos son recibidos y quedar a la espera del Nacimiento del Salvador, lo que da sentido a todo este tipo de tradiciones en nuestro pueblo.