Por Edgar Avelar
Este baile conocido como "La Sebastiana o Negra Señora", es ejecutado en toda Centro América y se suma a las fiestas navideñas del Común de Izalco.

Sobre éste, existen muchas interpretaciones en cuanto a su significado u origen; al no contar con documentación oficial, es difícil determinar a ciencia cierta su razón de ser, pero en definitiva, todo apunta a que fue durante la Colonia, cuando comenzó a desarrollarse. -foto de 1999, cortesía de la familia Pasasin-.

Para el caso izalqueño, su tradición siempre estuvo unida a las fiestas nocturnas de las Mesas Altares donde se venera la Imagen del Niño Dios de María; a sus fiestas, llegaba el grupo de bailarines a rendir culto y veneración al Salvador de Hombres, recién nacido. Bailaban pues, en la Cofradía del Niño Dios de María del Barrio Dolores y Asunción, Niño Pepe y Virgen de Belén principalmente.

También me cuentan mis informantes, que este baile acompañaba al Tabal o Jeu! el 24 de diciembre camino al "Rezado" del Niño Dios de Belén. La Sebastiana, que a la vista de los espectadores, era un espectáculo muy jocoso, fue por mucho tiempo, un elemento infaltable en los Nacimientos de las Cofradías antes citadas.

¡FUEGO AL COHETE Y MÁS TAMALES!, nos relata Don Adolfo Herrera Vega, que era la consigna que el grupo artístico gritaba al ingresar a los recintos de estas Mesas Altares, donde prestos esperaban la visita, quienes inmediatamente respondían: ¡ADENTRO CON LOS FAROLES... EL "NIÑO" LOS TIENE CABALES! Y tras hacer la venia a la infante figura de Cristo, iniciaba el baile.

El encargado del grupo, llevaba un farol en forma de estrella, simbolizando la Luz del Cielo en Belén; el resto, que se encargaba de los coros, llevaba garruchas adornadas con tiras de papel de muchos colores, que sustituían al maíz usado en las "reglamentarias" para el Tabal.

La música se acompañaba de zambumbas, las clásicas quijadas de burro, dulzainas, guitarras y principalmente mandolinas.
Según la tradición oral, este baile obedece a una leyenda que sostiene que una dama española al presenciar una fiesta indígena, se enamoró de un nativo de color. Ella con la idea de enamorarlo, se tuvo que disfrazar de indígena para entrar en la comunidad y se puso de nombre Sebastiana.

Ahora bien, el baile consiste en la representación del negrito, que está bailando con su traje de cotón y pantalón de manta, con una hermosa toalla que descansa en los hombros y espalda.

Después de haber bailado por un momento, aparece "La Sebastiana" que ha estado oculta y él la saca a bailar dando efecto al enamoramiento.

Buscando infomación de viva voz de mi gente, me aboco a Don Manuel Pasasin -foto izquierda-, anciano de la etnia, quien muy entusiasmado, me narra:

"Decía mi tata, que en los tiempos diantes, andaba por el pueblo una mujer adinerada que venía de España.

Cuando vio las fiestas navideñas del pueblo, le dieron ganas de bailar, pero la gente al ver la intención de ella, no la dejaron, porque sólo bailaban los indios en las Cofradías de ese tiempo...

Pues como las ganas que tenía por bailar eran grandes, se fue a prestar un chal y un refajo y se disfrazó de india... llegó al otro día a una fiesta y dijo que venía de otra parte y que se llamaba Sebastiana y así fue como logró bailar, pero en un descuido, se le cayó el chal y quedó al descubierto el engaño!

La gente en vez de enojarse se puso a reír , o sea que sirvió de chiste y en remembranza de eso, es que se comenzó a sacar el baile ya todos los años... pero lo gracioso es que desde ese tiempo, se dispuso que fuera un hombre el que se vistiera de Sebastiana y por eso, es la chistadera de la gente cuando la ve bailar con el negrito... eso decían los señores diantes..."

En acto público en el parque Zaldaña, vemos a esta "Sebastiana" ejecutando el baile
-fotografìa, cortesía de la familia Pasasin- Asunción Izalco

Según Herrera Vega, luego del saludo de ambas partes, se tocaba la pieza principal, ejecutada por varias dulzainas y alguien cantaba:

"Que se rompa la guitarrilla... Que se acabe de quebrar... Compraremos otra nueva... En la plaza de San Sebastián". Luego, el coro cantaba: "Salga Bartolo, salga a bailar... Salga Bartolo, salga a bailar... Saque a su negra para bailar, Saque a su negra para bailar".

Bartolomo, obviamente representa al negrito quien aparece muy elegante, con una toalla que le baja por la espalda. Cuando ha bailado por un instante, el coro dice:

"Este negrito sabe bailar... Este negrito sabe bailar... Busca a su negra para bailar". A estas alturas, la Sebastiana ha estado escondida; aparece, y Bartolo la saca a bailar. El hombre vestido de mujer luce con traje de india, cubierta la cabeza y parte de la cara con un chal como hemos citado.

El "negrito" o Bartolo, es un hombre con cotón quien usando una máscara negra de madera, no deja duda de su papel. Canta el coro: "Sebastiana sabe bailar... Sebastiana sabe bailar... Busca a su negro para bailar... Busca a su negro para bailar... Este negrito sabe bailar... Este negrito sabe bailar... Busca a su negra para bailar... Busca a su negra para bailar".

En este momento, la pareja baila sin descansar; luego sigue el coro:
"Ay que se abracen!.. Ay que se besen!.. Sebastiana sabe bailar!.. Busca a su negro para bailar... Este negrito sabe bailar... Busca a su negra para bailar". Les recuerdo queridos lectores, que la figura jocosa del hombre vestido de mujer, es lo que da la gracia al baile, más aún, cuando el público pide que se besen ambos personajes y La Sebastiana, con gestos femeninos, hace como darle pena ante el acoso de Bartolo, quien "se anima" a besarla!

Cuando por fin La Sebastiana accede a lo que el público le pide, abraza al negro, terminando el baile. A continuación, se hacía la repartición de tamales con café o chocolate.

Buscando más datos, busco a mi gran amigo, otro anciano de la etnia, Don Andrés Culina -foto izquierda- y me cuenta que él, cuando cipote bailó haciendo el papel de La Sebastiana y un par de veces hizo de negrito.

"Las tamaliadas y el talagüashtazo no faltaban cuando uno terminaba de bailar; la gente gozaba... todo eso se acabó..."

Pero no podía dejar pasar la oportunidad y le pido, me cante la letra del baile y muy presto, como siempre y ante la emoción mía que poco pude disimular, me canta, "arrecho, como los siñores diantes".

Espero mis amigos, noten el elemento propio de Izalco, en lo que vamos a oír.
Esto es un TESORO que se ha perdido y debe rescatarse antes de que sea demasiado tarde!
Escuchemos pues, a Don Andrés: