Por Edgar Avelar
Erigidos tradicionalmente para las navidades, imponentes, imperiosos y muy elegantes, son los Tronos de mi pueblo. Mi místico e inigualable Izalco que con tal motivo, se reúne para rendir tributo al Niño Rey, da vida año tras año, a esta expresión religioso-cultural que lejos de debilitarse como ha sucedido con otras tradiciones, a todas luces, es una de las actividades populares que todavía hoy, se desarrolla con fuerte presencia de izalqueños de todas las clases sociales.

Dentro de todo el calendario de fiestas izalqueñas, éstas, las dedicadas a los "Niños Dioses", resultan ser las únicas, cuyo culmen ha de realizarse fuera de los recintos de sus respectivas Cofradías. Serán pues, los barrios de su jurisdicción, los que protagonizarán en los puntos tradicionales, el desarrollo de estas festividades con toda la algarabía de esta época tan especial.

Sin duda alguna, desde siempre, estas fiestas han gozado de la aceptación de todo el pueblo sin distinción racial, ya que según la tradición oral, tanto ladinos como indígenas erigieron Tronos a sus Devociones, sobresaliendo en esto, la parte ladina quien "tradicionalmente" celebraba 2 de ellos y el sector indígena sólo 1.

La Tradición.
A pesar de que la tradición oral insiste en señalar que esta costumbre fue traída de España, en realidad no hay ningún indicio de ésta en la Madre Patria, aunque sí pueda ser que la edificación de estos muebles, date del tiempo colonial.

Para el caso, los sonsonatecos aseguran que la tradición de sus Tronos comenzó en 1538, pero desconocemos si tienen algún documento que respalde tal aseveración. Para los españoles, "Trono" son Los Pasos, para nosotros, Andas Procesionales, usados en Semana Santa, con claras diferencias en su construcción.

En otros tiempos, la cabecera departamental, erigía 4 Tronos en los Barrios de Mejicanos, San Francisco, El Pilar y Veracruz; de éstos, solamente los últimos 2 todavía se construyen y para nuestros vecinos, su celebración sirve de presagio de la fiestas patronales dedicadas a La Candelaria.

Salvo Sonsonate, no hemos encontrado otra población además de la nuestra, que cuente con esta tradición. Para el caso nuestro, Don Adolfo Herrera Vega, hace un par de apuntes dignos de consideración con los que podemos darnos una idea de cómo era la realización de estas fiestas, a principios del siglo pasado.

Leamos: "Antaño se pasearon en hombros por las principales calles, pero desde 1913, en que fueron tendidos los cables conductores de electricidad, se construyeron inamovibles, cambio que propició una trayectoria progresiva". SIC
De esto, deducimos que primitivamente, estos muebles eran Procesionados con las Imágenes ya entronizadas en su parte superior, por lo que no se trataba de una celebración estática, sino que era en los puntos de su recorrido, donde los izalqueños podían apreciarlos. Todo ello, nos lleva a pensar que éstos no eran de considerable altura y peso, a fín de facilitar su traslado por las calles del pueblo.

A este respecto, lastimosamente ninguno de nuestros longevos informantes, dicen recordar que sus tatas les contaran sobre esto y todos coinciden en que cuando niños, ya los Tronos tradicionales eran celebrados en los puntos que ahora conocemos; enfatizamos el término "tradicionales", ya que el número de ellos ha aumentado desde finales del siglo pasado, por lo que no todos los actuales son los que originalmente fueran erigidos.


Actualmente, cada Cofradía, ofrece su propios elementos característicos durante sus fiestas y especialmente el día de entronizar a sus devociones. Así, sobresalen por ejemplo,

"Los Viejos de diciembre" -devotos-as del Niño Dios de los Santos Inocentes-, quienes disfrazados de distintos personajes, bailan durante el traslado de la Imagen a su Trono y también cuando ya está en éste. -Foto siguiente de 1980. Viejos de la "Cofradía de los Santos Inocentes". Cortesía de la familia Zetino-.

Pero, ¿Cómo eran los muebles de aquél entonces? Leamos a Herrera Vega: "De enanos y frágiles armazones de varas de Chimáliut, forrados de papel pobremente, y peligrosamente iluminados con velas de sebo sentadas en mitades de cañutos de carrizo, se trocaron en majestuosas torres esmeradamente diseñadas por la mente popular." SIC

Y esto último, efectivamente, es algo que todavía sucede, pues el diseño que han de tener estos muebles, no se toma de ninguna muestra, ya que es la imaginación de Mayordomos y colaboradores, la que da vida a esta efímera expresión artística cada año.

No cabe duda que en aquellos tiempos, el entusiasmo y fervor, prevalecían ante los obstáculos, como el de no contar con energía eléctrica para iluminarlos o bien, decorarlos tan finamente como en nuestros días. Con respecto a su número tradicional, Don Felipe Pilía Chile me narra:

"Los Tronos oficiales eran solamente tres: El de la Virgen de Concepción, el 8 de diciembre; el del Niño Dios de María, el 25 de diciembre y por último, el del Niño Dios de María de Asunción, el 1 de enero. Después es que se fueron agregando otros. Se les llama Tronos, porque en ellos se pone a un Rey."

En nuestros días, el primero en erigirse es el 8 de diciembre, dedicado a la Inmaculada Virgen de la Concepción –por su relación directa con el Niño Dios-; le sigue, el del Niño Dios de María "de Dolores" –al frente del Atrio de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, para el 25 y 26 de diciembre.

Luego, corresponde el turno al “Niño Dios de los Santos Inocentes” en el Barrio Santa Lucía, el 28 y 29 de diciembre. El 1 y 2 de enero, es el del Niño Dios de María "de Asunción", otra infante figura de Cristo de mucho arraigo en el pueblo, que se venera entronizado frente a la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción.

Por último, siguiendo el ciclo navideño, toca el turno al del Día de Reyes, 6 de enero, cuando la Comunidad Indígena se hace presente con el singular y pomposo Trono del "Niño Pepe" o "Niño de las Tortugas".

En éste último, es donde se puede apreciar el sincretismo religioso, en torno no sólo al Trono en sí mismo, sino que también, en cuanto a todo lo relacionado con la infante figura de Cristo y su invaluable misticismo devocional del que es sujeta, por parte del Común de Izalco y el pueblo en general.
Termina el ciclo de Tronos, el 19 de enero en el barrio de San Sebastián, donde el Santo mártir de su nombre, junto a San Fabián que lo acompaña el día 20, son venerados en su Trono ahora tradicional.

Como vemos, ya contabilizamos 6 y si sumamos el de la Cofradía de Santa Teresa de Jesús, en Octubre y el más reciente de todos ellos, erigido para entronizar al "Divino Niño", en Septiembre, llegamos a un total de 8. Cifra muy distinta a la tradicional que citan los ancianos del pueblo.

La tradición izalqueña con respecto a estos emblemáticos muebles es muy rica: grupos de colaboradores, con mucha anticipación se han de reunir con los Cofrades y Mayordomo para su planificación. Llegado el tiempo, se ha de comenzar su construcción, generalmente en los recintos de la Cofradía.

El Trono, debe terminarse el día de las Vísperas según el calendario de cada fiesta para la que será utilizado y por la noche, "debe Velarse". Iluminado y listo para ser trasladado a la cruz calle donde por tradición, el pueblo ha de ir a contemplarlo, se hace una pequeña fiesta para celebrar su terminación.



Hay baile -otrora con Marimba de Arco-, se come tamales acompañados con café y se consume licor. Antes, me cuentan mis informantes, la fiesta o "Vela del Trono, duraba toda la noche".

El colectivo de Izalco recuerda a Don Ricardo Calvo, como uno de los mejores exponentes en el arte de construir estos emblemáticos muebles sagrados. -foto siguiente:: Trono al Niño Dios de los Santos Inocentes, años 70s. Barrio Santa Lucía, 28 de enero. Cortesía de la familia Zetino-.

Muy temprano, el día titular de la celebración, han de trasladarse las piezas por separado y llegados al lugar, los colaboradores y Mayordomo, proceden a su montaje e instalación. Cayendo la tarde, habrá que hacer "La Pasada del Niño".

Salen de la Cofradía -excepto el caso del Niño Pepe que ha de salir de la casa de habitación del oferente del Jardín por las principales calles del pueblo, acompañados de cohetes y música, que anuncian su paso. Se oye el clásico: ¡Que viva el Niño Dios de María!

Y el pueblo devoto responde: ¡Que viva! Muy tradicional es ver, cómo los acompañantes devotos-as, han cortado ramitas de arbustos o de Pascua con sus flores respectivas y en ellas, han colocado las candelas blancas que iluminan el paso del Niño Rey; otras Pasadas incluso, se hacen acompañar del Tabal o Jeu! para darle más realce al traslado.

Generalmente, el recorrido es corto y llegados al lugar del Trono, ya el pueblo con fuerte presencia espera la llegada del Rey, el cual es bajado de su carroza e inmediatamente es entronizado. Suenan las dianas con la Banda Municipal, la pólvora es quemada en abundancia y comienza la música, que en otros tiempos era exclusivamente con Marimba de Arco y que tristemente ha sido sustuida, hay que decirlo, por música a nuestro criterio, totalmente fuera de contexto.

Pero todavía puede rescatarse lo tradicional, si los encargados se lo proponen. Buscando más datos e historia, entrevisto a Don Esteban Musto, Mayordomo del Niño Pepe, quien muy dispuesto me narra lo siguiente: "Antes, en los tiempos en que mi papá Gonzalo Musto era el Mayordomo del Niño, existía en la Cofradía también, el Mayordomo del Trono.

Este era el que se encargaba de la preparación y montaje del Trono; él buscaba a su gente para que le ayudara en el trabajo; esto era allá por los años 70s. Recuerdo que Rafael Ríos, Ricardo Calvo, Juan Ama, Macedonio Pinte, Nicolás Tutila y Felipe Sarmiento fueron también Mayordomos de este Trono.
Ya en los últimos años, Don Ricardo Calvo, Roberto Madrid y Alfonso García, fueron de los últimos diseñadores que tuvo la Cofradía. Todos ellos, se caracterizaron por hacer portadas de Iglesias, campanarios y monumentos famosos.

En estos tiempos, la Cofradía cuenta con la ayuda de los carpinteros Alberto Ama, Julio Patiño, Manuel Barrientos, Juan Carías y Miguel Musto ya que el Mayordomo del Trono dejó de existir. Raúl Musto Najo es el actual diseñador".

Me cuenta que para construir el Trono del Niño Pepe, se necesita un aproximado de 8 hombres quienes no cobran por su trabajo; como agradecimiento, la Cofradía les ofrece comida y licor para que estos colaboradores trabajen "a gusto".

Me cuenta que los trabajos, por tradición, deben iniciarse el 26 diciembre a partir de las tres de la tarde, hasta las nueve de la noche; esta rutina ha de repetirse hasta el día 5 de enero, cuando el Trono debe ser Velado y quedar listo para su traslado a la esquina de "La Ceibita".

Esto, me narra, se hace a las 5 ó 6 de la mañana del día 6. Le pregunto sobre cómo se construye el Trono, y me narra: "Primero, hay que hacer las bases donde se cimentará la estructura o esqueleto y esto dependerá del diseño que se vaya a hacer; luego, sigue el trabajo del forrado y por último la pintada del papel.

Al mismo tiempo, se trabaja en toda la parte eléctrica, ya que la iluminación, es tan importante como la estructura. El esqueleto no debe pasar los 8 metros de alto, para no quitarle visibilidad al Niño Dios una vez se pone en su Trono".

Siguiente fotografía: Trono del Niño Dios de los Santos Inocentes, años 70s, cortesía familia Zetino.

Y, no podía dejar pasar la oportunidad, para preguntarle sobre el presupuesto que generalmente ha de usarse para construir estos muebles sacros, y haciendo cálculos mentales, me dice: "Le voy a dar los datos de lo que por ejemplo, se usó en el Trono 2011:

El Trono era de 3 piezas y se usaron: 6 docenas de costaneras, 5 docenas de regla, 2 docenas de tabla –toda la madera de conacaste, laurel y mango-, 200 pliegos de papel bond, 100 pliegos de cartoncillo, 2 galones de pintura de agua, media arroba de clavos de 4 pulgadas y de 2 pulgadas, 2 cajas de tachuelas, 1 arroba de almidón, 70 sockets, 70 focos de 40w, 100 metros de alambre #12 y #10, 1 caja térmica de 4 circuitos.

Muchos de estos materiales fueron adquiridos por medio de Atributos, esto no se hacía antes, pedir para el Trono, pero para ayudar en los gastos, opté por pedir ayuda y gracias a Dios y a la gran devoción del pueblo hacia el Niño Pepe, todo salío bien".

Para finalizar nuestra plática, Don Esteban me asegura que antes, el Niño Pepe estaba en el Trono hasta la 1 de la madrugada y que después, mucha gente se iba a la Cofradía a bailar, por lo que la fiesta amanecía. Me cuenta que hubo un año en el que Don Nicolás Tutila, siendo Mayordomo de la Cofradía, dispuso poner el Trono frente a su casa, pero a la gente no le gustó la idea, porque rompía con la tradición de colocarlo en "La Ceibita", por lo que jamás se volvió a poner en otra parte.

Finalizando, hay que decir que infaltable en mi místico pueblo, es la escena que nos ofrecen en los alrededores de los Tronos, las señoras “poncheras” quienes desde muy temprano, cayendo la tarde, colocan sus puestos de venta consistente en una mesita de madera, cubierta de plástico, que muestra boca abajo, los vasos de vidrio y de distinto tamaño, donde los lugareños han de beber su respectiva porción de “ponche” de leche con huevo.

Yacen las ollas con la tradicional bebida, sobre pequeñas cocinas de carbón para evitar que ésta se enfríe. Constituyen toda una estampa folclórica y muy orgullosamente izalqueña, las ancianitas de este pueblo sin igual, quienes entre sus manos, giran un palillo de "palo colorado", que han colocado dentro del utensilio de barro, con el que la singular bebida es batida para evitar se "corte el huevo", su segundo componente principal.
Los izalqueños, han de sentarse en bancas rústicas de madera puestas alrededor de la mesa, tras esperar en la mayoría de los casos un espacio disponible, debido a la gran demanda de esta tradicional bebida.



Para tomar el ponche izalqueño, se pide se le agregue, el reglamentario "piquete": gotas de aguardiente, para darle un toque especial a su sabor, o bien, un poquito de canela en polvo, que será el deleite de todas las edades y condiciones.

Asimismo, el ponche debe acompañarse de los tradicionales e infaltables nuégados: puestos en canastos como manda la tradición, estos anillos de harina de pan en cuya parte superior, se ha colocado granitos de azúcar teñida de color rojo y que muy graciosamente han de ser servidos en tusas, constituyen un deleite al paladar -foto izquierda-.

"Quien no haya sido parte de esta escena tradicional, no puede llamarse izalqueño", aseguran muchos. Mientas tanto, se espera el momento de la quema de pólvora lo que añade a estas fiestas, otro elemento más en señal de alegría por el Nacimiento del Niño Dios.

Felizmente, puedo decir la fiestas navidades izalqueñas junto a lo que hemos cubierto en este escrito, apenas constituye una pequeña parte, del GRAN LEGADO CULTURAL QUE IZALCO DA AL PAÍS ENTERO.
¿Quién otra igual como la tierra izalqueña que nos vio nacer?

El "Niño Pepe", es Entronizado por Esteban Musto, su Mayordomo
"La Ceibita", 6 de enero de 2011, en el Barrio de la Santa Cruz