Por Edgar Avelar
Nuestra Cuaresma y Semana Santa es muy peculiar. El pito y el tambor, instrumentos autóctonos, son básicos en nuestra cultura ya que fueron parte de la vida social y religiosa de nuestros abuelos; con su sonido, anunciaron fiestas, ceremonias, luto o guerra.

De ahí que Izalco desde sus orígenes, siempre ha contado con personajes muy sobresalientes en cuanto a la ejecución de este singular instrumento infaltable en sus fiestas y danzas.

En esta oportunidad, como digno reconocimiento a su tremendo papel y protagonismo en la Cuaresma y Semana Santa izalqueña, dedicamos este Artículo a un personaje que a estas alturas constituye todo un ícono de la cultura de este histórico pueblo: se trata de "fafá", como cariñosamente lo llamamos los izalqueños.

Este simpático personaje es muy bien conocido por los lugareños; lo observamos con su pequeño tambor y bolillo en mano, cuya única misión, es anunciar con el sonido de su típico instrumento, que Jesús Nazareno está en Velación o bien que está pasando justamente por nuestros hogares en devota Procesión, impartiéndonos sus bendiciones.

Se trata pues, de un elemento importantísimo de la Hermandad de Jesús Nazareno -HJN-. Frente a las Andas Procesionales, "fafá" golpea el instrumento propiedad de la citada Hermandad o bien lo hace, junto a los distintos Altares de Velación del Señor, invitando a los devotos a participar de esas actividades. Incluso, colabora a mantener el orden de los Cortejos, pidiendo que los particulares se mantengan fuera de las vallas de cargadores.

También a este personaje, los izalqueños lo vemos como "reventador de cohetes de vara" en Misas, Procesiones de Cofradía y similares; se trata pues, de un izalqueño muy importante y activo en los asuntos culturales y religiosos del Izalco Piadoso. A sus 75 años, todavía participa con su pueblo, sin escatimar ningún esfuerzo.
Intentando investigar sobre su vida, me pongo manos a la obra y de manera muy amable, me recibe la familia Méndez Barrientos residente del barrio Santa Lucía, con quienes habita nuestro personaje; muy amenamente, me relatan los pormenores de cómo "fafá" ha llegado a formar parte de su núcleo familiar y la historia que ellos conocen de él. Historia misma, que narro a continuación:

Un 5 de marzo de 1938, Izalco vio nacer a Don Angel Celestino Misto Tepata; hijo de Doña Antonia Misto (+) y Don Esteban Tepata (+), vecinos del barrio de la Cruz Galana, ubicado hacia el Sur del pueblo. Don Angel nació con todas sus facultades físicas normales, pero en sus primeros meses de vida, el destino le deparó un acontecimiento que lo marcó para siempre: contaba su madre, que teniéndolo a él en brazos, se desató una feroz tormenta y que junto a su casa de habitación había un cocotero; mientras llovía cayó un estruendoso rayo, aterrizando precisamente sobre la palmera.

Tras el susto, relataba ella, soltó al infante y éste cayó al suelo quedando inconsciente; tras el alboroto y tras su reacción y viéndolo tirado en el suelo con la mirada perdida, la angustiada madre pensó lo peor. Los vecinos rápidamente llegaron a su auxilio y de igual manera, pensaron que el niño estaba muerto.


Agregaba además, que la boca de nuestro personaje dejaba entrever la lengua y que ésta lucía retorcida. De repente y para alegría de todos, el infante volvió en sí y con los días daba la impresión que todo había pasado sin mayores inconvenientes; pero lamentablemente, Don Angel había quedado muy lastimado, dando como resultado que el daño lo dejaría mudo para el resto de su vida.

Curiosamente, no perdió el sentido del oído, por lo que es fácil lograr la comunicación con él, ya que entiende perfectamente cuando alguien le habla, aunque claro está que él responde por medio de señas. Nuestro amigo, siempre soniente y al frente de Jesús Nazareno, constituye una estampa muy izalqueña cada Cuaresma y Semana Santa.

Me cuenta la citada familia, que cuando Don Angel tenía aproximadamente 15 ó 16 años, Don Salvador Tutila lo contrató para que le ayudara a pastar unas vacas que tenía, pero que para facilitarle su trabajo, le proporcionó una pequeña habitación para que se quedara a dormir, ya que de madrugada debía iniciar su trabajo.
Este hecho es muy importante en la vida de nuestro querido amigo, ya que por esto dejó su hogar y poco a poco “se fue quedando” en el lugar; pasó el tiempo y aunque el trabajo por el que fue contratado terminó, él se quedó a vivir definitivamente con ellos, por lo que ahora es visto como “uno de la familia”.

Don Angel nunca se casó y tampoco procreó hijos; lo más seguro es que esto se debió a su impedimento físico. En plática no muy fácil de llevar por quien escribe estas líneas, le pregunto sobre cómo llegó a la Hermandad de Jesús Nazareno y me responde con su lenguaje mímico, que cuando él tenía 15 años, el tamborilero de ese entonces falleció y que lo llamaron, porque él siempre ha sido muy allegado a las Cofradías izalqueñas.

Haciendo las consultas respectivas, veo que efectivamente, su participación como tamborilero de Jesús Nazareno, data de mucho tiempo. Debemos saber, que Don Angel devenga un salario simbólico por su trabajo. Si el dato que él da es correcto, lleva 58 años haciendo esta labor! Y para finalizar obviamente, hicimos la pregunta del millón: ¿Por qué los izalqueños le decimos “fafá”?

La familia Méndez me cuenta que escuchó esta anécdota:
“siendo niño, al no poder hablar, sólo balbuceaba y cuando quería decir “papá”, se oía “Simplemente “fafá”!!!