Por Edgar Avelar
La Hermandad del Santo Entierro de Cristo, es la más antigua de Izalco. Desde sus orígenes, siempre fue de corte ladino y según relata la historia, sus actividades de Viernes Santo, se realizaban con los enseres e imaginería que en un momento tuvo la extinta Cofradía Ladina de Nuestra Señora de los Dolores.

Luego, la HSE pasó a control de la Parroquia ladina del mismo nombre y fue hasta entonces, que recibió del legendario y generoso donante, la Imagen del ahora Consagrado Señor del Descencimiento; ya a mediados del siglo pasado, se incorporó bajo su tutela el resto de la Imaginería Colonial propiedad de la familia Barrientos.

Sus actividades de Semana Santa, desde luego, han cambiado mucho. Lamentablemente, al igual que el resto de Hermandades izalqueñas, ésta no posee documentación histórica oficial; lo más que sabemos, es producto de la memoria colectiva ya bastante imprecisa de los izalqueños, que todavía están con nosotros y que en su momento, fueron protagonistas en parte, de la ahora incompleta historia de esta Hermandad.

Este Artículo precisamente, intenta rescatar parte de esa memoria histórica y para ello, se recoge el testimonio de viva voz de un Socio con reconocida trayectoria en el quehacer devocional de ella, llegando a ocupar el digno cargo de Presidente en los años noventa del siglo pasado.

Me cuenta Don Rafael Alfredo Méndez de 77 años, que cuando él ingresó a la Hermandad, apenas tenía 16. Me refiere que en aquellos tiempos, el célebre Padre Castillo, prácticamente era el encargado de la Hermandad como tal: "El Padre Castillo era quien decidía todo, no había Junta Directiva, con el tiempo, Joaquín Leonor comenzó a ayudarle de manera oficial y como la Hermandad iba creciendo, se decidió hacer la primera Directiva y fue Joaquín su primer Presidente, pero el Padre continuó siendo el Presidente Espiritual y nunca se tomaban decisiones sin su aprobación".

Según nuestro relator, la vestimenta actual poco difiere con la de aquellos días, a excepción de los guantes blancos que se comenzaron a utilizar hasta hace poco; también me relata, que cuando él se iniciaba dentro de la Hermandad, los cargadores de la Santa Urna únicamente se cubrían el rostro al momento de la salida de la Procesión y que se mantenían así, solamente por el lapso de una cuadra y que luego, proseguían su peregrinaje ya con el rostro descubierto.

Le pregunto el por qué se cubren el rostro y él me responde: "Lo hacemos por vergüenza de haber matado a Cristo". Misma respuesta que oímos del resto de miembros al hacerles el mismo cuestionamiento. Sobre el antiguo recorrido del Santo Entierro, me cuenta:

"Antes, la Procesión no era tan larga; salíamos a las 5 de la tarde y tomábamos la calle del cementerio; al llegar a la esquina de Don Juan Martínez, cruzábamos rumbo al mercado y nos íbamos recto pasando por la Alcaldía, a bajar la cuesta después del parque, o sea toda la 1ª Avenida Norte y parte de la Sur, para doblar hacia el oriente, buscando la esquina de "Pénjamo"; al llegar a la esquina del Pasaje Asunción, subíamos hasta llegar a la Escuela Salomón y pasábamos frente al Campanario e Iglesia de "allá abajo"; llegábamos hasta donde el finado Lalo Vega y bajábamos hasta donde está ahora el Centro Judicial; cruzábamos rumbo Norte por toda la 2ª Avenida hasta la Farmacia Santa Isabel, para luego ingresar de nuevo a la Iglesia".

Me asegura que la hora de llegada de la Procesión no estaba determinada, ya que dependía mucho del tiempo que no se tenía previsto para detenciones de la Santa Urna y además muy importante destacar, era que los cargadores no hacían fila, sino que una vez cargaban se retiraban de la Procesión y calculaban dónde les correspondería volver a cargar para reincorporarse a la misma.

Sí había "ternos", pero no estaban obligados a permancer en el Cortejo haciendo la respectiva valla como ahora. Recuerda muy bien, cómo en esos tiempos, previa Procesión, había una comisión de Socios que se encargaba de ir a traer prestada, la Imagen de la Santísima Virgen de la Soledad, a la casa de habitación de su legítima dueña, la recordada Doña Octavia Valdez, con quien se comprometían a devolverla, luego de la Procesión del Sábado de Gloria.

Luego, me habla sobre las vestimentas del Consagrado Señor del Descendimiento y me cuenta que por acuerdo de la Hermandad, nunca sus túnicas han de cubrirle los piés, porque debe mostrarse al pueblo, el severo daño que le dejaron los clavos al momento del Sacrificio.

Además, agrega que siempre sus ropajes han sido blancos semitransparentes, nunca de otro color y que hasta hoy, la Hermandad no se ha visto en la necesidad de comprar una túnica, ya que "sobran" devotos que desean hacer la donación, al punto que se anotan hasta con 5 años de anticipación!!!

El Santo Entierro de Cristo de Izalco, se ha ido enriqueciendo al incorporarse nuevos elementos; me cuenta que el grupo de niñas que van al frente de la actual Procesión portando los Estandartes de las "Siete Palabras", no existía antes; las Señoras de la Guardia del Santísimo, iniciaron la idea y eran ellas sus encargadas; actualmente, hay una comisión que se encarga de esto.

El actual Estandarte de la Hermandad no es el que originariamente se utilizaba; históricamente, ha habido 3 Estandartes, 2 de los cuales parecer ser, por su desuso se han extraviado. El actual, fue elaborado por Doña Candita Torres, me asegura. A mediados de los 60s, nace la idea de mandar hacer un distintivo oficial para el Socio que ocupara el cargo de Presidente de la Hermandad, al momento de salir en Procesión el Viernes Santo.

La idea se concretizó mandando hacer con un experto joyero de Sonsonate, una medalla de plata que colgando elegantemente sobre el pecho de su portador, hasta la fecha, lo indentifica como la máxima autoridad de la Hermandad del Santo Entierro de Cristo de Izalco. Muy gentilmente, me proporciona la factura original, que en aquella ocasión emitiera el artesano, dejando constancia de la propiedad, hechura y precio de la preciada pieza, que ahora forma parte del patrimonio de la HSE.



Ya a principios de los años 70s, agrega que él tuvo la dicha de formar parte de la comisión encabezada por el recordado Luis Noyola, que se encargó de mandar hacer a Santa Tecla, en el taller de Don Raúl Chacón, la actual Urna donde es procesionado nuestro portentoso Cristo.

Me narra que la idea nació de un percance sucedido a un Socio que por llegar tarde a la cita un Viernes Santo, se quedó sin terno; el caso era que empezó a crecer de forma significativa el número de Socios y la antigua Urna era muy pequeña. Ante esto "había que lograr el puesto", me dice. Pero llegó un tiempo en el que definitivamente, había que dar el paso y fue así como con un grupo de izalqueños entusiastas le dio vida a la idea.

En eso no coincide con la versión que manejan otros Socios, que aseguran que la idea nació, porque la anterior Urna, que era más pequeña, se echó a perder debido a que le aplicaron pintura sobre la madera de caoba que le daba su original belleza.

Muy bien recuerda, que todos los de la comisión salían a pedir limosnas por todas las calles del pueblo, al mercado y las tiendas, incluso me asegura, que hasta recibían ayuda de izalqueños no católicos; cuando la obra iba avanzando, mostraban fotografías del mueble y así aseguraban a los generosos donantes que el dinero efectivamente se estaba empleando para lo que se les decía; también, hacían otras actividades como bailes, ventas de comida y rifas para lograr la meta.

En un año, la obra fue terminada. Muy entusiasmado, me relata de los hechos que sucedieron el día en el que el mueble fue traído al pueblo desde Santa Tecla: "ese día madrugamos, alquilamos dos camiones para traer por separado las piezas... en la salida de Santa Tecla, pasamos por una báscula y pesamos los camiones... al llegar al pueblo, nos detuvimos justo en el desvío... casi todo el pueblo nos esperaba... ahí mismo, bajamos el mueble y lo llevamos en hombros por toda la calle principal, parecía procesión de Viernes Santo, hasta cohetes se reventaban, un día que jamás olvidaré.." Agrega que fue frente a la Parroquia de Dolores donde la ensamblaron con todo el júbilo del pueblo.

Y, me proporciona para que documente mejor este escrito, uno de sus mayores tesoros: la insignia que el 19 de marzo de 1972, usaron los cargadores del Señor, con motivo del estreno de la nueva Urna y que hasta hoy, engalana al Cortejo Fúnebre cada Viernes Santo.

A mediados de los años 70`s, vemos cómo efectivamente, El Santo Entierro de Cristo
iniciaba sobre la 9a. Calle Poniente, para luego enfilar hacia el Mercado Municipal.
Cortesía de Carlos Efraín González
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