Por Edgar Avelar
“Me voy a ver “al colocho”, dicen las abuelas, y siguen la procesión. Allí va el colocho Jesús, madera la piel y pintada la sangre. Los bucles caen y caen, y no es santo su cabello, es humano”. Así, con esa brillante introducción, Elena Salamanca inicia un escrito publicado en La Prensa Gráfica, titulado “La Fe en Hebras” para la Semana Santa de 2005.

Y no es para menos, efectivamente nuestro pueblo, no sólo da apelativos cariñosos como éstos a sus devociones, sino que también otorga significados muy especiales a su iconografía respectiva. Para el caso de los Nazarenos, su cabellera –cuando no la posean tallada debido a su estilo acorde a su datación-, resulta ser una oportunidad para los devotos-as quienes hacen “La Promesa de Regalársela” como agradecimiento por algún milagro recibido.

Haciendo un poco de historia, hay que decir que los primeros Nazarenos, concebidos obviamente en España hacia el siglo XVI, eran obras escultóricas plenas, es decir, no fueron hechas para ser vestidas, ya que se tallaban totalmente y eso incluía sus cabelleras.
Pero con la gran aceptación que tuvieron dichas obras en su carácter meramente evangelizador, resultó ser que debido por una parte, a la gran demanda que se tuvo de ellas, así como a lineamientos dados directamente por la jerarquía de la Iglesia, esto fue cambiando significativamente.

Para hacer que los Nazarenos mostraran más realismo, se optó por tallarles únicamente el rostro, manos y pies, propiciando esto que pudiera vestírseles lográndose que al momento de ser procesionados, sus túnicas que en ningún caso –al menos esa fue la idea de los artistas de ese tiempo- pasara de los tobillos, logrando movimiento con el vaivén de las Andas dando inequívocamente ese movimiento cadencioso tan característico en España Guatemala.

Es decir que al apreciar todo el conjunto, “es el Señor el que camina con la Cruz”. Baste el ejemplo “del Gran Poder” en Madrid y el de Jesús Nazareno de la Merced, en la Antigua Guatemala quien en pleno Viernes Santo, luce su túnica lisa, sin ningún adorno llegándole justo a los tobillos, mostrándonos su Hermandad la correcta forma de vestir a estas bellas imágenes; “Jesús Camina por las Calles Empedradas”, dicen muy orgullosamente los antigüeños.

Jesús Nazareno de Santa Ana. Aldea de Santa Ana, La Antigua Guatemala
Siglo XVII, Autor Anónimo, Cabellera Tallada

Nuestro Padre Jesús del Gran Poder Sevilla, España Siglo XVI, Juan Martínez Montañés Cabellera Tallada. Túnica Hasta los Tobillos

Noten estimados lectores, el movimiento de la túnica del Señor a la altura de sus pies.
Esto es un elemento didáctico que en Izalco por ejemplo, no lo tenemos.
"Jesús CAMINA con su Cruz a cuestas"
Las cabelleras pues, dejaron de tallarse y se procedió a colocar a todas las obras escultóricas el respectivo cabello natural o en algunos casos era sintético, el cual generalmente deberá ser “colocho” o de “canelones”; salvo pocas excepciones, se les ve con cabello liso.

Esto se observa más que todo, en aquéllos Nazarenos que son sujetos de veneración por población de origen indígena y por ello no nos extrañe que nuestro Jesús Nazareno, no sólo tenga una cabellera bastante lisa, sino que también caiga hasta el nivel de su cintura.

Por todo esto, desde hace mucho tiempo, son cientos los casos suscitados, donde en señal de agradecimiento por algún favor recibido, un devoto-a ha tenido la dicha de ser el donante de la cabellera del Señor. Generalmente, hacen “La Promesa” y con mucho amor, se cuidan el cabello y cuando éste ha logrado crecer lo suficiente, lo donan para que con su ofrenda, las Imágenes luzcan su cabellera natural, cumpliéndose así con lo prometido.

Pero también resultó ser, que no sólo los Nazarenos han sido objeto de este tipo de demostración devocional, sino que también lo han sido las Dolorosas, “Santos de la Pasión”, distintas advocaciones marianas, etc. En este sentido, se cree que en Izalco, existe una de las cabelleras más antiguas a nivel nacional; tal es el caso de la que luce La Virgen del Tránsito o “Virgen Dormida”, la que ha sido datada hacia finales del siglo XIX.

En 1940, nuestro portentoso “Jesús de las Once”, recibió de parte del recordado Humberto Velado, su cabellera rubia y “colocha” claro está, totalmente natural.

Todos los que tenemos la dicha de apreciar a este bello Nazareno al momento de ser procesionado, no podemos pasar desapercibido el espectacular movimiento que nos ofrece su cabello rubio, más cuando el viento sopla fuerte y hace que éste se luzca de mejor forma Dicha cabellera que es considerada por muchos como “ladina”, por su relación directa con la familia izalqueña de abolengo y generosa donante de la bella Imagen de Cristo al pueblo y quien la mandara hacer a Guatemala hacia finales del siglo XIX, resulta ser en verdad, espectacular ante propios y extraños.
El citado artículo de La Prensa Gráfica, reza lo siguiente: “En la parroquia izalqueña, la imagen de María Magdalena posee una cabellera de casi 80 centímetros de largo, traída de Hawai hace dos décadas. “La regaló una señora izalqueña que la trajo de allá.

Es pura fe”… Esa fe de ofrecer un pedazo de sí a Dios la tenía también la madre de la nahuizalqueña Ada Rodríguez: “Mi mamá siempre nos decía: ‘Cuando me muera, córtenme el pelo y dénselo a Jesús’. Pero cuando murió, nadie tuvo valor de tomar la tijera y cortarle el pelo”
. SIC

Luego de todo este preámbulo, procedemos al desarrollo del objetivo primordial de este escrito, en el cual hemos de documentar una de las tantas manifestaciones de fe, que el Izalco Piadoso ha vivenciado hacia la Venerable Imagen de Jesús Nazareno. Se trata de la historia de una izalqueña que se suma a la larga lista de devotos-as agradecidos con la Milagrosa Imagen.

Doña Rosa Elena Chinco de Rivera de 39 años, profesa una gran devoción hacia Jesús Nazareno desde sus 22 años. Recuerda cómo su tío Salvador Chunco, fue pieza principal de la gran fe que ahora profesa hacia “el colocho”, ya que fue él quien le comenzó a mostrar las bondades milagrosas de esta bella representación de Cristo; debido a esto, lleva ya 17 años de pertenecer a la Hermandad.

Durante todo este tiempo, ininterrumpidamente ha cargado en hombros las Andas Procesionales de la Virgen Dolorosa. Nos relata que desde un principio, ha sido parte de las fiestas de Cofradía participando directamente en los oficios culinarios.

Nos cuenta que fue Doña Cristina Tensun, quien la introdujo y enseñó sus primeros pasos en los quehaceres de la cocina; rápidamente, aprendió a preparar chilate, tamales, ticucos y toda la gama de alimentos que tradicionalmente los izalqueños disfrutamos en Cuaresma y la “Fiesta de 15 Días”, tan tradicional en Izalco.

Nos cuenta que desde niña, no se cortaba el cabello, por lo que siempre lo usó largo, llegándole en ese entonces al nivel de la cintura. Hace poco, su hija Verónica Magdalena de 13 años, se enfermó muy gravemente, padeciendo de desmayos, ante los cuales la medicina humana poco o nada podía hacer al respecto.

Ante tal situación, optó por recurrir al “médico por excelencia”: su venerable Jesús Nazareno. Hizo “La Promesa”; si Verónica sanaba, ella como madre agradecida y comprometida, donaría su cabello que había cuidado por tantos años, para que con éste se hiciera una nueva cabellera al Señor.

Y, efectivamente se hizo el milagro. “Cuando vi que mi hija poco a poco sanaba, busqué a Franklin Velásquez –Presidente de la Hermandad en 2009, y puse a disposición mi cabello”, nos relata Doña Rosa Elena. Y, añade: “Lo único que le pedí fue que la nueva cabellera de Jesús la usara siempre, tanto para la Cuaresma como para la Semana Santa”

Relata que a este tiempo, ya el cabello le llegaba a las rodillas, pero como la cabellera de Jesús Nazareno tradicionalmente siempre ha sido larga y muy tupida, se tuvo que recurrir también a cortar el cabello a su hija Magdalena, quien de igual manera, muy feliz contribuyó con la ofrenda. 

“La sanidad de mi hija, ha sido el mejor regalo de Dios que he recibido, por medio de mi Jesús Nazareno; tantos años de servicio a Él, no han sido en vano… ahora desde el Miércoles de Ceniza, participo con más amor y dedicación... Cuando veo a mi Jesús luciendo su nueva cabellera, veo ahí, el gran testimonio de su inmenso poder…

Hoy entiendo con mucha más claridad, el por qué en su Novena, los izalqueños decimos: Jesús Nazareno, Rey Poderoso, a Pedirte Vengo que las Penas mías, las Conviertas en Gozo…”


Con esas palabras, termina con su relato.

Como podemos ver, esa "fe en hebras" perdura en la religiosidad popular de nuestros pueblos y para el caso específico de Jesús Nazareno, para nada extraña que sea sujeto de este tipo de "promesas", ya que según los ancianos mismos, la gran veneración de la que esta bella figura de Cristo es sujeta, ha sido manifestada desde siempre y por ello, ha llegado a ser prácticamente el ícono devocional más importante del pueblo, consecuentemente es "El Rostro de la Semana Santa Izalqueña" sin lugar a dudas.

¿Será que algún día, estimado lector, usted vivenciará también la Fe en Hebras?

Jueves Santo de 2011
Jesús Nazareno Luciendo su Nueva Cabellera